de todas las cosas que dejaste en el pasillo los días con alambre en las palabras guardé más de diez mil fotografías guardé cuanto color diste por muerto y me lo unté en la piel como si fuera aceite derramado del naufragio
muchos creyeron que seguías viva durando entre las llamas extinguidas y no entendieron nada del incendio
fue cuando les quité los vidrios rotos después que se saciaron de cortarme la piel en rebanadas previsibles
y entonces sentencié los burbujeos de aquellos estertores tan injustos y apenas arañé la línea estéril como un rastro de musgo sobre el muro para que se muriera la tristeza
que no me pesa hablar de la derrota después de reciclar esa miseria
y no me duele más tu permanencia que se fundió entre pájaros y mares y ahora se confunde en mis palabras
de todas esas cosas amarillas que declaraste inútiles enseres yo me guardé hasta el último pedazo porque me llevo bien con el otoño
hablo de no mirar las torres erigidas merced a tantas cosas que no necesitabas no estoy diciendo nada de este circo ambulante que a diario nos refregan en la cara y creo que a esta altura sabrás que nuestro diálogo se extingue
no obstante es imperioso que tus ojos me dicten las canciones que te escribo tal vez porque me quedo sin memoria tal vez porque me olvido de los ritmos tal vez porque me asedian los cansancios y no quiero sentarme a ver el agua
no mediré otra cosa que a ti mismo cuando me sangre un verso en la mejilla porque eres de este bando empecinado que muerde las injurias de la noche
y sabes que son breves referencias es tu deber y el mío pocas cosas inútiles reductos miserables muy lejos de este páramo esplendente
acaso hasta prescinda de los gritos que alertarán del sol de la alimaña mas tu pasión será la madriguera donde seguir sangrando los versos que me faltan