lunes, 23 de abril de 2018

domingo, 22 de abril de 2018

la paciencia tenaz de la fogata
resiste
en medio de la playa
sobre la arena negra del otoño

los hilos que lastiman
medusa
que usa
en un poco de mar
tarde tras tarde
penachos de veneno

el filamento rojo
el nudo incorruptible
el humo cervical
la diáspora vacía

intentos del espectro
que junta los pedazos

el texto invertebrado
que escribe para nadie

penúltima señal

aviso de un ignoto navegante

cartel garabateado
un par de pasos antes del abismo

"al menos somos dos
no te lo olvides"

sábado, 21 de abril de 2018

Los Cuenteros - II

CONTRABAJO SOLO
Héctor Galmés

   Si no hubiera estado recordando lo que la soprano me dijo el viernes pasado justo cuando el director me dio entrada en el finale del Himno a la Alegría, tal vez las cosas hubiesen sucedido de otro modo. Aquel recuerdo se habría confundido quizá con tantos otros que se pierden sin dejar huella. Pero lo cierto es que, cuando la batuta apuntó a los contrabajos, yo no estaba con la orquesta sino con María Celeste. Volví a verla en la penumbra de la salita, reclinada en el sofá, completamente desnuda, con la medallita de San Jorge naufragando entre sus pechos opulentos. Fue por eso que me equivoqué.
   Horrorizado, comprobé que las manos no me pertenecían y que el arco jugaba libremente sobre las cuerdas arrancándoles estridencias. Me olvidé por completo de la partitura. Consciente de lo inevitable del desastre, cerré los ojos. Sentí que el sudor se enfriaba sobre mis párpados y me bañaba el rostro. Cuando logré recuperar el dominio de los dedos, dejé caer el arco. Todo el teatro me estaría mirando.
 Confieso que me faltó coraje para simular un desmayo. Hubiera sido mi salvación precipitarme hacia adelante, abrazado al instrumento que habría reventado bajo el peso de mi cuerpo. Lamentablemente no se me ocurrió. Se me ocurre recién ahora.
   No creo que el maestro, por desalmado que sea, hubiese tenido el coraje de continuar con la ejecución de la Novena, mientras un supuesto cadáver yaciera sobre la caja hecha pedazos. ¿Y quién hubiese podido aplacar su ira? Luego de disculparse ante el público asombrado, se habría retirado apresuradamente para esperarme en los camarines y maldecirme (si cadáver), o aguardar a que volviera en mí (si hombre desmayado) para agarrarme por las solapas, sacudirme, y escupirme la cara por haberle arruinado el concierto.
   Desaproveché la oportunidad de vengar con una acción heroica a todos los contrabajistas del mundo, a los marginados de la orquesta, pues la crítica se interesaría por nuestra suerte y acaso algún cronista musical hubiese puesto el grito en el cielo al enterarse de lo ocurrido hacía ya un mes, cuando le presenté al director mi opus único, una sonata para contrabajo. Luego de soportar sus insolencias, tuve intención de concurrir a las redacciones de los diarios y exponer mis quejas. Pero los ruegos de María Celeste aplacaron mi furia. El director, sin tomarse el trabajo de echar un vistazo a mis cuadernos, me había dicho después de soltar una carcajada (solo ríe para herir):
   —Pero, querido, no joda con eso. Por buena que sea su composición nadie duda que es absolutamente ridículo ver a un fulano tocando un solo de contrabajo en medio del escenario. El armatoste solo sirve para acompañar, ¿o todavía no se lo dijeron'? ¿Por qué no prueba con la viola o el cello? No quiero que me interprete mal. No niego su solvencia, pero comprenda que usted ha elegido un instrumento gregario.
   Y debo reconocer que tenía razón, porque cuando dejé de tocar, mejor dicho, cuando el arco dejó de jugar caprichosamente sobre las cuerdas, no pasó nada. Los otros contrabajos, en vez de solidarizarse conmigo, siguieron con el finale, con tanto entusiasmo, que mi claudicación debió de pasar inadvertida. Entonces me indigné, y en lugar de hacer lo que tendría que haber hecho, es decir, ponerme a gritar como un energúmeno, mandar al diablo al director y a la orquesta, y, por qué no, al público siempre conformista que comparte el desprecio de los directores por los contrabajos, en lugar de fingirme loco (hubiera producido mayor efecto que fingirme desmayado), cuando el barítono hacía resonar sus vísceras con los versos de Schiller, agarré el instrumento por el mástil y abandoné ruidosamente el escenario haciendo sonar mis tacos sobre las tablas. Me imagino la sorpresa del público. Las miradas del director no necesito imaginarlas, pues se petrificaron contra mi nuca. El barítono siguió cantando como si nada hubiera ocurrido.
El portero de la entrada del personal dormía profundamente. Salí a la calle. Muchos de los que vienen al centro solamente los sábados por la noche, me miraban con extrañeza porque nunca habrán visto un contrabajo de cerca, y menos aún llevado de arrastre por la vereda.
   Bajé a la rambla. El cielo estaba oscuro. Más oscuro que el mar. De vez en cuando me detenía a escuchar el ruido de las olas al romper contra el murallón . Pero no podía detenerme mucho tiempo porque volvía a ver a María Celeste sobre el sillón, jugando con la medallita. Aparecía allí, sobre el ojo vaciado del sur, fluyendo y refluyendo como las olas, repitiendo lo que me dijo el viernes, una sola vez, harta de mi presencia: “Los contrabajos me dan lástima”.
   Anduve hasta la playa: bajé a la arena, y allí, sobre la orilla húmeda, casi en el límite de la espuma, me vinieron ganas de ponerme a tocar, en primera audición, mi opus único. Dos enamorados se besaban cerca de mí. Me di cuenta de que mi obra les había llegado porque dejaron de besarse y se aproximaron. La muchacha sollozaba de emoción, y yo me sentía feliz, ejecutando el adagio para los desconocidos.
   Y ahora, mientras navego hacia el sur sin orillas, abrazado de la caja que durará más que yo sobre las aguas, lamento no haber asumido una actitud verdaderamente heroica. Enfrentarme al público, por ejemplo, para gritarle la verdad, en vez de retirarme sin decir palabra. Mañana, el director se sentirá aliviado al enterarse de mi desaparición, María Celeste le dirá a su nuevo amante (sospecho que es otro marginado: el gordo de los timbales) que estaba segura de que yo terminaría así, y luego me olvidará para siempre... Solo los enamorados de la playa me recordarán con un poco más de cariño. Gracias a Dios.


Héctor Galmés (Montevideo, 21 de diciembre de 1933 - Montevideo, 12 de enero de 1986) fue un escritor, profesor y traductor uruguayo. Fue profesor de literatura en liceos de Dolores, Soriano, y de Montevideo. Dio clases de literatura española e hispanoamericana en el Instituto de Profesores Artigas desde la segunda mitad de los años 1970 hasta 1985. Su primera novela, Necrocosmos, fue publicada en 1971. En 1977 publicó Las calandrias griegas y en 1985 Final en borrador, novelas que junto con la primera conforman una trilogía cuya temas centrales son la imaginación y el declive de las fuerzas creadoras. Como crítico y ensayista publicó, en la primera mitad de los años 1970, sus trabajos en la revista Maldoror, cuyo consejo de redacción integraba. En 1981 reunió sus cuentos en La noche del día menos pensado, en la misma tónica que sus novelas, más la inclusión de elementos fantásticos en algunos de ellos. Hasta entonces, solo había publicado cuentos en algunas antologías colectivas. En forma póstuma, Ediciones de la Banda Oriental (EBO), editorial en la que aparecieron todos sus libros y traducciones, publicó en 2006 su novela La siesta del burro junto a su cuento Sosías. Estos textos fueron reconstruidos por Heber Raviolo sobre la base de los papeles que Galmés dejara a su muerte en 1986. En 2011 se editó su obra de ficción completa, más un par de cuentos inéditos, en un volumen titulado Narraciones completas (EBO), con prólogo de Elvio Gandolfo.

lunes, 16 de abril de 2018

te haces fuerte para enfrentar lo débil
pero te contradices

veo tus pensamientos cubiertos con espinas
veo el caparazón
y tu alma en un rincón aprisionada

después
la multitud
te engulle por completo
y sin poder salir te vuelves ellos

las hordas de un ejército formado
por individualidades
donde no queda claro el objetivo
y todos contra todos despedazan
a quienes una vez fueron sus pares

y el corazón se vuelve una herramienta
más fría que una lágrima de acero

lo débil es no ser quien eres realmente

sin el puño cerrado
quitándote la rabia y la armadura

lo débil es creer que es valedero
tratar de sepultar los sentimientos
para enfrentarte a qué
para probarte qué
para ganarle a quién

lo débil se hace fuerte si te piensas
que debes complacer a los mutantes
cumplir los reglamentos de lo absurdo
lograr la aceptación de la manada

lo débil son los muertos que quieren verte muerto
porque se han vuelto ciegos e incapaces
porque no asumirán su cobardía
porque se les antoja insoportable
saber que pese a todo sigues vivo

sábado, 14 de abril de 2018

aquí voy otra vez
de cara al nuevo día
y es bueno respirar el aire limpio
tener conciencia plena
de mi insignificancia
beber sorbos de luz
pisar el pasto húmedo
tocar las claridades sobre el agua

no existe nada en mí que engendre sombra
mi espalda siente el sol
mi pecho un viento nuevo
mis manos
como un cuenco
reciben un raudal de sensaciones
que laten con el ritmo del instante

sin un solo reproche
sin una sola queja
con el amor entrando por mis poros
sintiendo que mi piel es parte de mi alma

aquí voy otra vez
en este dulce viaje
en la aventura diaria de magia y desafío
buscando que me arrasen los híbridos perfumes
sintiéndome compinche de todos los asombros
fundido con la paz que se derrama
de las cosas sencillas
de las cosas eternas
que seguirán aquí cuando me vaya

me gusta presentir que estás sonriendo

me gusta imaginar que eres la sombra
que proyecta mi cuerpo por la calle

me gusta preguntarme a cada rato

qué puede ser mejor que estar contigo
y compartir el sol entre tus brazos
y abrazarte en la noche y pronunciarte

qué puede ser mejor que tu saliva
mezclándose en la mía
caer uno en el otro
del tobogán urgente de los labios
buscar la comunión de algún momento
para intentar hallarnos las respuestas

no sé si mi existencia se resuelve
pero hay algo de eso en nuestro abrazo


no sé si al ver las formas de las horas
el tiempo se hace añicos y reinventa
una nueva manera impronunciable


no sé si mi emoción vale la pena
pero estás vos aquí para explicarla
pero estás vos aquí para vivirla

pero estás vos aquí
y puedo dártela

viernes, 13 de abril de 2018

¿Dónde Están Mis Amigos? - VIII





TRIP
    Llevo dos libros tuyos conmigo, como si las palabras que contienen fueran las que, en secreto, al oído me dijeras.
   Tomo uno en mis manos, contabilizo los segundos que tardo en abrirlo, lo comparo con el tiempo que tardo en llegar a tus labios.
   El tiempo es traicionero y la eternidad es un sólo segundo.
   Manifiesto la borrachera de letras en pensamientos que nada tienen que ver con el contenido pero que, al mismo tiempo, son parte de su origen. Inhalo el olor sepia de las páginas que, en algún momento, tocaste, admiro la tipografía “Times New Roman” a la Remington que, generalmente, rechazo, mientras una niña, detrás de mí, burbujea con el móvil y alguien, más atrás, rompe el aire con la estridencia de un reguetón.
   Si estuvieras aquí nos aferraríamos al discurso escrito, entendiendo que el pensamiento puede más que la tontería de moda.
   Cierro los ojos, me abstraigo de la circundancia y visito los lugares por donde viajamos cada vez que la palabra nos abraza.

CLR

lunes, 9 de abril de 2018

yo no voy a cambiar el mundo
repito a cada instante

y no es que falten ganas
que me sobran
y no es que todo esté de maravillas
al contrario
pero tengo conciencia de esa idea miserable
pues de tener a mano ese poder

y al cabo consiguiera cambiar algo
lo haría con mis propias convicciones
y no sería justo
contigo
y con los otros
que no piensan lo mismo que yo pienso

y odio antes que todo al egoísmo

así que francamente ordeno lo que puedo
dentro de las fronteras de mi casa
y cambio de lugar algunos muebles
repinto la pared descascarada

mantengo mis rincones habitables
y arrojo a la basura

aquello que me estorba

le robo las ideas al vecino
cuando tiene una idea que me cuadra

comparto lo que pueda serle útil
sin medir el valor de lo que entrego
saludo a todo bicho que camina
y suelo ser sociable como un sapo
que canta en la laguna
desafinado y feo

creo que vivo como se me antoja
y si molesto a alguien
es porque algunas veces me distraigo

pero eso sí     respeta
respeta como yo voy respetando
las cosas que me dan por las pelotas
el lastre que soporto por ser libre
la escala de valores que no entiendo


respeta pues no pienso permitirte
que tu mundo de mierda se meta en mi morada
procura nunca ser mi salvador
y deja de mostrarme tus pancartas
o es que nunca te cansás de ver cómo las rompo

ya no recuerdo cuándo
dejé de ser cliente de tu empresa
acaso desde que tomé conciencia
que te cagabas en mi dignidad
y que insultabas a mi inteligencia

viernes, 6 de abril de 2018

golpea
golpea fuerte
a veces la música está alta
y puede que ni sepa que llegaste

golpea y trae algo
pero algo diferente
no el ruido de las bolas de billar
que se entrechocan
no la canción de mierda 
que pasan por la radio
no el ruido de un infausto celular
ni carcajadas
carentes de emoción y de sentido

golpea
sorpréndeme
evita parecerte a un vendedor
me jode la ecuación del cuentamusas
me aburro si te asomas y es lo mismo

golpea y trae algo


no hablo de cuantiosas porquerías

al menos un pequeño pensamiento

no estoy para nadies
no invento nada
la originalidad pasa de largo
cuando me ve
ignora mi presencia acusadora
y apenas tengo tiempo
para mirarle el culo

a propósito
no me provoca nada su silueta
pienso
al ver sus grandes nalgas apretadas
en una calza estrecha
que intenta remediar su celulitis

y digo
la originalidad ahora es ordinaria
dejó de ser hermosa
se vende por monedas
en una sucia esquina maloliente
por el orín marrón de los borrachos

la originalidad deambula por el puerto
no habla
para que nadie oiga su voz aguardentosa
y para no contar que fue violada
y no invertir un tiempo miserable
diciendo de su frígido presente

es triste
o lo parece
pero más tristes son los que alardean
de haberle dado un plato con comida
a cambio de vestirla de payaso

pero más triste es no sentir nada
ver el paisaje igual
la gente igual
el mismo puto cuento repetido

no invento nada
me aburro sin remedio
en la pantalla en blanco pinto barcos
de los que ya conozco el paradero
y pienso en aquel tiempo cuando todos
buscábamos su mínima sonrisa


o acaso vos también te disfrazaste
y no reconocés que en esos días
soñabas con su gracia irrepetible
morías a los pies de la princesa

jueves, 5 de abril de 2018

lo que tiene de veloz lo vuelve absurdo
no comprende
se reitera en redondeles infructuosos
mueve atrás los espolones atrofiados
luego salta
ferozmente
y desfleca las volutas que jadea

cree entonces que ha ganado la contienda

él supone que ha ganado

y la sangre que parece
no es ni sangre
es un charco de agua sucia y colorete
símil rojo mas rayano en el mal gusto

y se ufana con el triunfo que se inventa
y no logra discernir que sus ataques
no prosperan
y su masa cerebral exigua y breve
se solaza ante ese muerto inexistente
y en el pico tan sin plumas se percata
que no hay nadie más que él en el combate

gallito de riña
estás solo en tu círculo de arena

da tristeza tu soberbio cacareo

bien que puedes aletear sobre los muertos
que olvidaron que hoy tenían que morir
y no vinieron
simplemente porque no saben que existes

ay gallito repetido
la patética estridencia no te salva
lo que ostentas se equipara a tu vacío
estás frito y más que muerto por adentro

no te creo absolutamente nada