martes, 20 de agosto de 2013

Algún Perro

cada vez
allí
donde debía
dejar una palabra desteñida
los charcos se encargaron de colgarme
dejándome a merced de mis tristezas
y hubo un lento tránsito de niebla
residuos
viejas deudas
el pulso sobre arenas movedizas

cada vez
no supe qué decir
acerca de un crepúsculo sin tregua
no supe manejar las cerrazones
no quise dar por muerto su cadáver

y sin embargo queda un perro solo
un perro en corredores desolados
que busca
merodeando
la forma del fantasma que lo obliga

sus ojos comen hojas amarillas
su piel se adhiere unánime a la niebla
deambula
piel y hueso
mientras llueve
las calles donde hay gente que lo olvida

así
su peripecia
concluye en el momento que se inicia
y sabe
desde siempre
que no es tan triste aullar en el vacío
sino el presentimiento
de un libro que hace tiempo fue cerrado