domingo, 27 de mayo de 2018

Niño

es el vuelo razonable

atraviesa el osario de caballos
comidos por la peste

un territorio obsceno transcurre en su inocencia
sobre el planeta hinchado por el pus
su altura le hace inmune al perfume podrido
no lo alcanzan las moscas
no pisa los residuos
de mil generaciones infructuosas

sonríe y armoniza con el cielo

penúltima cometa
vanagloriándose sobre los ojos huecos
de alguna calavera
obtusa carcajada
que emerge de las tripas de su miedo

y entonces la ceniza
el polvo que se esparce
cuando el viento se ensaña en las hogueras
de lo que en un pasado fueron libros
o la sabiduría al santo pedo

se va quedando ciego
los ojos taponados por esa oleada gris
interminable

no atina
no cuaja
se abstiene de pensar en una puerta
se deja envenenar por la secuencia

el vuelo hasta dos metros después de la inmundicia
para agrandar un poco el cementerio

el ciclo que se cumple inexorable
o la metamorfosis de este invento

y a poco de caer se lo devora

un puñado de cosas vermiformes