domingo, 21 de diciembre de 2008

MCM

como me hastía el hombre
servil
reptando tras quien le cortó las piernas
como me hastía el beso
de aquella
que humillada
bebe en la boca enferma del que la está escupiendo
así
también me cansan
los días de estar solo en la trinchera
las horas que se estiran en círculos concéntricos
iguales a sí mismas
ambiguas
desoladas
el horizonte a medias
ese color basura
el olor de la náusea
la peste
y el derrumbe

me hicieron compañía por un rato
y no voy a culparlos
ellos también se hastiaron
de ver el remolino
y prefirieron eso
de romperse la boca con botellas
mirar televisión
fumarse un porro
tal vez reconocer su cobardía
o la inutilidad de un par de alas
tal vez comprarse ropa y disfrazarse
para poder ser otro
en la seguridad de la colmena

qué me mantiene aquí
qué estúpida razón me precipita
a suicidarme siempre
sin llegar a morir
sino algo enraizado tan adentro
que no admite traición ni explicaciones
y que
curiosamente
me mata para darme nueva vida

los días tienen rostros esfumados
olvidaron su nombre
en la ecuación sencilla de las horas
y hay un sabor ajeno
un paladar de otro
cuando alguien me sonríe

y qué puedes hacer cuando tú mismo
no entiendes otra forma de creer
y desdeñaste todas las ofertas

cuando no existe senda de regreso
y ya te resignaste
a caminar sobre un campo minado

apenas algo así como el orgullo
de una fidelidad
innecesaria

apenas la certeza tambaleante
de un corazón porfiado en otro ritmo
que acaso me convenza
de estar bombeando sangre verdadera

no sé
yo nada sé
pero persisto
confiado en que al final
valió la pena
haberse ido temprano de esa fiesta