martes, 25 de marzo de 2008

Niebla
















aún hoy cuando desando aquel pasado
campo gris
humedad
y tanto olvido
fantasmas coloniales que se arrastran
por túneles sin fondo

aún hoy cuando un borracho tambaleante
reaprende las baldosas
y arrastra a lo insensato su equilibrio

en lo crepuscular de algún bostezo

aún hoy

se cuajan en capullos
se derriten
y vuelan
casi a ras
del infinito

soy niebla que desciende
por brecha
y reconquista
sombra que se dispersa
sobre un farol con calles apagadas
y aquel olor de peces y mujeres
de barcos
y marinos
y distancias
me trae al deambular por los burdeles
un dealer espectral y ceniciento
que vende droga triste
que te hace adicto a la desesperanza

azul
como el silencio
como un telón mojado por la noche

que a poco de caer mancha de tinta
las voces de una murga que está muerta

heridos a puñal
oscuros versos

y un vino tinto más
que se vomita
la puñalada atrás de la escollera
de un río que hace arcadas con su mierda
y llora el agua negra de la muerte
sobre la catedral
sobre zabala
sobre los empleados malheridos
sobre los bodegones olvidados
sobre los sucios puestos de verdura
en las esquinas
entre las rameras

bajo postreras luces que encallaron
en las márgenes del invierno portuario

soy niebla que asesina
el último farol montevideano
un ser hecho con trapos y basura
un ser que nació muerto de antemano

y es todo gris de mugre y soledades
y es humo que respira madrugadas
camina
el peatón
hacia su agujero
temblando de vacío
y precipita

su triste vida-muerta hacia la nada
por un par de monedas que le mienten
por un mundo sin dios
que se lo traga